Un breve paso por Florencia, capital de la Toscana

Poco más de dos horas tardó el tren en unir las ciudades de Venecia y Florencia. Aprovechamos a almorzar en el salón comedor del tren antes de arribar a la ciudad que fue capital de Italia entre 1865 y 1871.

Nos alojamos en el Hotel Berna, que para seguir la costumbre de este viaje, se encuentra casi pegado a la estación de tren a la cual arribamos, la estación de Santa Maria Novella. Nos costó un poco encontrar el hotel, ya que se encuentra en un edificio en el cual hay varios hoteles pequeños, algo así como uno por piso. No es muy grande, son menos de diez habitaciones y por lo que estuve viendo le hicieron una remodelación total y quedó muy lindo y moderno. Teníamos el desayuno incluído, que era bastante bueno y variado.

Río Arno

Lamentablemente la estadía en la ciudad fue de dos días, que no está mal para conocer los puntos más importantes, pero de igual manera no lo supimos aprovechar, ya que no fuimos a conocer la escultura emblemática de la ciudad, el David de Miguel Angel, también podríamos haber optado por un Tour gratuito para saber más de la ciudad. De igual manera disfrutamos mucho y caminamos bastante. También nos cruzamos con una especie de desfile, que no sabemos de que era, pero fue llamativo y mucha gente se detuvo a observar.

Desfile por las calles de Florencia

Una vez que dejamos las cosas en el hotel, nos dirigimos a recorrer un poco la ciudad, ya que nos quedaban unas horas de luz todavía. Bien cerca del hotel se encuentra la Piazza di San Giovanni, que alberga al Battistero di San Giovanni, una pequeña basílica de forma octogonal, con sus características puertas de bronce. Frente a esta se encuentra la Piazza del Duomo, con la construcción religiosa más importante de la ciudad, la Cattedrale di Santa Maria del Fiore, la cual es prácticamente imposible de fotografiar completa. A la Catedral se puede ingresar de forma gratuita, pero también se puede acceder al Domo Brunelleschi por €20, a la Torre de la Campana por €15, al museo dentro de la Catedral por €5 y a las Terrazas del Domo por €25. Las vistas desde el Domo y las Terrazas, dicen, son las mejores de la ciudad.

En nuestro camino al famoso puente, pasamos por la Piazza della Repubblica, que estaba decorada para la época con un árbol de navidad, además de un carrusel que allí se encuentra. Está rodeada por cafés y exclusivas tiendas de moda y sobre uno de sus lados hay un magnífico arco que le da un aspecto excepcional.

Piazza della Repubblica

Después nos dirigimos al mencionado Ponte Vecchio, el puente más famoso de la ciudad, que cruza sobre el Río Arno en su punto más estrecho. Es uno de los pocos puentes habitados que se conservan en todo el mundo, en la actualidad cuenta con gran cantidad de tiendas de joyas y orfebres, entre otras. Sobre el puente se construyó el Corredor Vasariano, para conectar el Palazzo Vecchio, que es la sede del gobierno de Florencia, con el Palazzo Pitti, residencia entonces de los duques de la Toscana.

Al día siguiente, luego de desayunar en el hotel, salimos en dirección al anteriormente nombrado Palazzo Pitti, que es el más grande de los edificios florentinos. Fue el palacio real del Gran Ducado de Toscana por cuatro siglos. Actualmente cuenta con cinco museos de diferente temática y se puede ingresar a ellos con un ticket que cuesta €16. Las galerías que se encuentran en el palacio son: la Galeria Palatina, Galería de Arte Moderno, la Galería de El Tesoro Médicis, la Glería de Trajes y la muestra de los Apartamentos Reales, entre otras cosas que se pueden ver dentro, como los museos de la Plata, de la Porcelana y de los Carruajes.

Palazzo Pitti

Caminamos bastante por las callecitas de la ciudad y a la vera del río, cruzamos algunos de los otros puentes, como el Ponte alla Carraia y el Ponte Santa Trinita. Así llegamos hasta la Piazza di San Lorenzo, que alberga a la Basílica di San Lorenzo, una de las más antiguas de la ciudad y por €7 se puede acceder a ella y al Museo del Tesoro de San Lorenzo. Paramos allí para almorzar en una sandwichería que encontramos de casualidad y era muy buena.

La siguiente y última mañana en la ciudad, desayunamos cerca del hotel, en el Caffé degli Innocenti. Luego caminamos un poco y vimos el Tabernacolo della Fonticine que cuenta con una fuente de la cual se puede beber el agua y lavarse las manos con ella. Frente al tabernáculo, sobre la Via dell’Ariento se encuentra un mercado de pulgas al aire libre, rodeando el Mercado Central de Florencia. Pasamos por la Basílica di Santa Maria Novella, a la que se puede ingresar por €7.50

Tabernacolo della Fonticine

Luego de esto retiramos el equipaje del hotel y nos dirigimos a la estación a esperar nuestro tren a Roma, mientras disfrutábamos de un sándwich de milanesa de pollo. 😃

Venecia, dos días por sus canales

Continuando nuestro viaje de dos semanas por Italia, previo paso por Milán, nos dirigimos a la ciudad de los canales, capital de la región de Véneto, la hermosa Venecia. Estuvimos allí recorriendo y caminando por las minúsculas calles y callejones por dos días, más que suficientes para recorrer los lugares más emblemáticos.

Viñedos en el camino a Venecia

Partimos de la estación de Milano Centrale unos quince minutos antes de la una de la tarde, el tiempo de viaje en tren desde Milán a Venecia es de poco menos de dos horas y media. Como hicimos un cambio de planes en pleno viaje, los tickets los compramos unos días antes, por lo que salieron un poco más caro de lo normal, pero no fue tanto, unos €70 por los ambos. Los sacamos de la pagina Rome2Rio, muy útil para buscar las formas más económicas de viajar de un punto a otro y en diferentes medios de transporte.

Llegamos a la estación Santa Lucía, la última del recorrido, ya que termina dentro de una de las islas de la ciudad. Como llegábamos con equipaje y a dos semanas de haber iniciado el viaje, reservamos en un hotel cercano a la estación, para no andar acarreando todo por los canales, subidos a los vaporettos, que son los medios de transporte a través de los canales y las diferentes islas. El elegido fue el Hotel Belle Epoque, de un estilo clásico, con una decoración llamativa, como ambientada en los años 20, habitaciones no muy amplias, pero con excelente decoración. El desayuno estaba incluído, bastante raro por el precio (menos de €100 las dos noches), era bien variado y completo.

Aprovechando las pocas horas de luz que quedaban, dejamos las cosas y salimos a uno de los puntos más conocidos de la ciudad, la Piazza San Marco. Llegamos, una parte mirando el mapa en el celular y otra parte siguiendo los carteles que hay en cada esquina de las pequeñas calles y pasadizos. Algunos marcan la dirección a la plaza, otros a el puente Rialto y a otros lugares, para no perderse del todo. Más allá de ir un poco guiados por el mapa interactivo, es muy recomendable caminar por esos pasajes, cruzar diferentes puentes, encontrarse de la nada con tiendas de ropa, tanto de segunda mano como firmas de las más caras y exclusivas. Con una caminata de poco más de dos kilómetros, llegamos a la plaza, que cuenta en sus alrededores con la Basílica di San Marco, la cual además de darle el nombre a la plaza, es el principal templo católico de Venecia y su construcción comenzó en el año 1067.

También se encuentran allí diferentes museos, tiendas y restaurantes. Con casi 100 metros, en una de las esquinas de la plaza, se encuentra el Campanario de San Marco, otro de los íconos de la ciudad. Bajando un poco más, hacia la cuenca de San Marco, la laguna donde termina el Gran Canal, se puede ver la isla de San Gregorio Maggiore, que cuenta con la basílica dedicada al mismo santo. Una de las mejores opciones, si se cuenta con poco tiempo, es hacer algún Tour gratuito por la ciudad. Con la tarde cayendo emprendimos el regreso al hotel, otra vez zigzagueando por las calles, pasillos y puentes sobre los canales, para finalmente comprar unos sandwiches de milanesa de pollo para cenar, extrañamente en un bar irlandés, el Irish Pub Santa Lucia, con mucha onda.

Nuestro segundo y último día completo también fue exclusivamente caminando, decidimos ir hasta uno de los puentes mas famosos, el Puente Rialtto, es el más antiguo de los cuatro que cruza el Gran Canal, terminando su construcción en el año 1591. Un detalle de este puente es que, en ambos lados de sus rampas, cuenta con tiendas que venden desde souvenirs, hasta joyas y productos de cuero. Es una de las visitas obligadas en Venecia, además de que desde allí se llega bastante directo a la Piazza San Marco.

Otro de los puentes que cruzan el Gran Canal es el Ponte degli Scalzi (Puente de los descalzos), que se encuentra casi en frente de la estación de trenes y fue inaugurado en 1934. Siguiendo por el canal más importante de la ciudad, se encuentra el Puente de la Construcción, el más nuevo, inaugurado en el año 2008 y que une la zona de la estación de trenes con Piazzale Roma, único lugar de las islas en el que ingresan tanto automóviles como buses provenientes del continente. Junto con el Puente Rialtto y el Puente dell’Accademia, son los únicos cuatro que cruzan el Gran Canal.

La tarde-noche fue para caminar por la zona entre esos dos puentes, por lugares menos turísticos pero siempre rodeados por las típicas góndolas y embarcaciones de todo tipo, utilizadas para moverse por la ciudad. Terminamos comiendo pizza de la Trattoria Bella Venezia, que estaba al lado del hotel, porciones individuales porque eran muy grandes.

Algunas embarcaciones

A la mañana siguiente, después del desayuno, salimos del hotel a las 11 de la mañana para ir a tomar nuestro tren y seguir nuestra aventura, ahora por Florencia.

Milán, primera parada en Italia

Siguiendo nuestro viaje europeo, que empezó en Madrid, siguió por Marsella y Niza en Francia, con unas horas recorriendo Mónaco, las siguientes dos semanas las pasamos en Italia. La primera parada fue en Milán, la capital de la región de Lombardía, en el norte de la península itálica.

Comenzamos el día bien temprano a la mañana, saliendo del hotel en Niza poco después de las siete con dirección a la estación de tren, que estaba a unas dos cuadras. Nuestro tren salió 8:15 y el recorrido hasta la ciudad italiana dura poco menos de cinco horas. Uno de los mejores datos que puedo aportar es el de viajar del lado derecho del tren, ya que desde allí se puede apreciar, en parte, la costa del Mediterráneo en ambos países. Son varias las paradas que realiza el tren, pero el viaje es bastante llevadero, sobre todo en este horario que aprovechamos y desayunamos en el salón comedor. El precio total de nuestros pasajes fue de €30 y los sacamos en la web de TrenItalia.

Nuestro hotel estaba cerca de la estación de Milano Centrale, por lo que fuimos caminando. Llegamos un poco después de la 1 de la tarde al Hotel Terminal, dispuestos a dejar el equipaje y salir a conocer la ciudad, pero nos avisaron que la habitación estaba lista, así que aprovechamos y dormimos un rato. Inicialmente era una viaje de dos noches, ya que después de Milán íbamos a pasar una noche en Bologna, pero desistimos a último momento y nos quedamos un día más en la ciudad.

Terminal Central de Milán

Por la tarde salimos y nos tomamos el metro para llegar al Duomo di Milano (Catedral), una de las iglesias católicas más grande del mundo, que puede llegar a albergar 40.000 personas en su interior. La construcción de la misma tardó casi 600 años, inició en 1386 y terminada en 1965. Se encuentra emplazada en el centro de la ciudad, junto a la Piazza del Duomo y rodeada por tiendas de las más exclusivas marcas de moda, galerías y centros comerciales. Se puede visitar la iglesia, algunas exhibiciones y el museo, los tickets cuestan €10 el ingreso básico, o bien, €15 con acceso a la terraza de la catedral por escaleras o €20 si se realiza por ascensor.

Junto a esta plaza se encuentra la Galería Vittorio Emanuele II, que une la plaza del Duomo con la plaza della Scala, dos de las más importantes de la ciudad. Es conocida como El Salón de Milán y dentro se encuentran tiendas de marcas de lujo, tanto de ropa como de joyería, cafeterías y restaurantes. En medio de la galería hay una gran cúpula vidriada, que junto con los mosaicos del piso y las paredes hacen de ésta una decoración de altísimo nivel.

Entrada a la galería

Caminamos un poco más y fuimos descubriendo algunos lugares, perdiéndonos por las calles cercanas. Así fue como llegamos a la Basílica de San Carlo al Corso, construida entre 1832 y 1847. Emprendimos la vuelta, nuevamente en el metro, que nos dejó a unas tres cuadras del hotel. Para terminar nuestro día y demostrar que estábamos en Italia, decidimos cenar pizza!

A la mañana siguiente salimos a desayunar al mismo lugar en donde habíamos comprado la pizza la noche anterior. Nos tomamos el metro y fuimos a el Castello Sforzesco, que perteneció a la familia Sforza y actualmente alberga un museo de arte. El ingreso es gratuito y se puede visitar el museo también, es una muy buena opción para conocer esta construcción que data del siglo XV. Se ubica en el Parque Sempione, el más importante de Milán. Tiene más de 45 hectáreas, cuenta con un lago artificial, un acuario, un anfiteatro y el Arco de la Paz, construido para celebrar la paz de 1815. Ideal para alejarse del centro de la ciudad y descansar un poco.

Al salir del parque nos fuimos caminando hasta la Piazza del Duomo, en el camino paramos en una librería y compramos unos libros. Pasamos por la Piazza Mercanti, que fue creada como el centro de la vida de la ciudad en la edad media y está rodeada de edificios históricos, como la Casa dei Panigarola, el Palazzo della Regione, el Palazzo Giureconsulti y el edificio de la Assicurazioni Generali, entre otros. Unos pasos más y llegamos nuevamente frente al Duomo, volvimos a recorrer la plaza, que contaba con un mercado navideño típico de esas fechas. Cuenta con los típicos puestos de venta de chocolates, artesanías, comida y bebida, también una parte dedicada a los niños, donde puede conocer a Papá Noel.

Volvimos al hotel en metro, pasamos por el supermercado para comprar algunas provisiones, y compramos una pizza, pero con una variación árabe, una pizza kebab que estaba deliciosa. El último día completo en la ciudad fue para descansar, almorzamos en una famosa casa de comidas rápidas y recorrimos un poco cerca de la estación central de trenes, frente a ella se encuentra la Torre Pirelli, que es la sede del Consejo Regional de Lombardía y tiene en la última planta un mirador que se puede visitar, pero en pocas ocasiones durante el año.

Torre Pirelli

A la mañana siguiente salimos casi al mediodía del hotel, fuimos a la Estación Central de Milán y emprendimos viaje a la hermosa ciudad de Venecia.

Unas horas en Mónaco

Una de las ventajas de viajar por Europa es la facilidad que hay para moverse entre países, ya sea por tierra, por aire o por vías. De esta forma, mientras estábamos unos días en la ciudad de Niza, aproveché que mi novia quiso quedarse a descansar en el hotel y me fui a conocer el segundo estado más pequeño del mundo, el Principado de Mónaco.

Edificios de la ciudad

Después de que tomáramos el desayuno, me dirigí directamente a la estación de trenes de Niza, saque el boleto de ida y vuelta antes de abordar, siempre hay lugar porque los trenes pasan cada veinte minutos uniendo las dos ciudades. El costo de los pasajes fue de €7.80 en total, nada desorbitado para conocer el lugar que concentra la mayor cantidad de millonarios por habitante en el mundo. El viaje dura al rededor de veinte minutos y las vistas desde el tren son espectaculares, ya que el recorrido es bordeando el Mar Mediterráneo.

Boleto a Mónaco

Para estar conectados durante nuestro viaje por Europa, decimos comprar antes de viajar, chips de datos que nos cubría casi todos los países por los que estuvimos. Digo casi todos porque Mónaco era uno de los que no entraban dentro de la cobertura, pero pude seguir conectado ya que la ciudad-estado ofrece Wi-Fi libre en toda la ciudad. Eso sí, es por tiempo limitado, en un principio es por dos horas. No me fue necesario volver a conectarme porque estuve poco más de ese tiempo por allí.

Vista desde el tren

Al salir de la estación de trenes de Monte-Carlo, me dirigí directamente al Port Hercule, uno de los puertos de Mónaco, repleto de yates de lujo y desde el cual se pueden tener grandes vistas de la ciudad. Antes de llegar, me crucé con la estatua del automovilista William Grover, que es una de las tantas que homenajean a diferentes conductores por todo el Boulevard Albert I, una de ellas es la de Juan Manuel Fangio, que no llegué a ver porque está ubicada del otro lado de la ciudad, aunque después viendo mi recorrido del día, noté que no había pasado tan lejos.

En el mismo Port Hercule, en el mes de Diciembre, se sitúa el mercado navideño de la ciudad, la Village de Noël, con casillas hechas en madera, que venden los típicos recuerdos de Navidad, comida y artesanías autóctonas. También cuenta con una pista de hielo, juego para los más chicos y una gran noria, que la llaman La Grande Roue de Monaco. Entré a recorrer el lugar, compre algunos regalos para mi novia y me senté a almorzar un pancho con una bebida, que me costaron €10, con la fiel compañía de una atenta paloma que esperaba que se me caiga algo para comerlo.

Emprendí viaje hacia uno de los puntos más conocidos del principado, el Casino de Monte-Carlo. En el camino hacia allí me crucé primero con la Iglesia de Santa Devota, la patrona de Mónaco. Es una pequeña, pero encantadora parroquia que cuenta también con un cementerio. La leyenda cuenta que una paloma guió a los fieles hasta el lugar donde se ubica la iglesia, para enterrar allí los restos de la santa. Siguiendo mi camino pasé por un lado del famoso Hotel París, que se encuentra frente a la Plaza del Casino, donde durante el año se realizan diferentes muestras y obras de arte, en el momento de mi visita había una recreación de un bosque nevado, debido a la estación invernal. El hotel anteriormente mencionado estaba en refacciones, por lo que el frente estaba cubierto con una gigantografía de como quedaría.

El Casino de Monte-Carlo, además del lugar especializado en juegos de azar, cuenta con el Gran Teatro de Monte-Carlo, una sala de ópera y una casa de ballet, que es la sede de los Ballets de la ciudad. Suele estar rodeado de autos de alta gama estacionados en la puerta. En sus alrededores hay gran cantidad de hoteles y residencias de lujo. En los jardines y paseos que se encuentran tras el casino y sobre el Mar Mediterráneo, además del Yatch Club monaguesco, se pueden encontrar diferentes obras de arte, el Auditorium Rainier III. un moderno teatro donde se celebran diferentes obras teatrales, charlas y conciertos de música clásica.

Uno de los eventos más importantes que se celebran en Mónaco, es el Gran Premio de Formula 1. En mi recorrido pude ver varios lugares que marcan el paso del automovilismo por aquí, desde las marcas y señalizaciones en la calle del recorrido por donde pasan los autos y locales alusivos al a la Formula 1. También se encuentran en las tiendas de recuerdos, muchos souvenirs con esta temática.

Tunel utilizado durante el GP de Mónaco

Para terminar mi visita, me quedé descansando en la Rue Princesse Caroline, una calle peatonal en el centro histórico, que cuenta con gran variedad de tiendas, bares y restaurantes. Es una zona muy pintoresca, cuenta con muchos pasajes y pequeñas calles que invitan a perderse por ellas y recorrerlas.

Mi recorrido duró poco más de dos horas, en los que pude conocer varias atracciones turísticas y de paso, anotar un país más a mi lista de los que he visitado. Volví a Niza y solo nos quedó tiempo para comer, la mañana siguiente abandonaríamos Francia, empezando nuestro viaje de dos semanas por Italia, comenzando en Milán.

Niza, capital de la Costa Azul francesa

Tras poco más de dos horas y media en tren desde Marsella, llegamos a la Costa Azul, más precisamente a la ciudad de Niza, capital del departamento Alpes Marítimos. Elegimos este medio de transporte, ya que nos permitía reservar un hotel cerca de la estación, ahorrar tiempo en los traslados y dinero, es que en ocasiones es más barato viajar en tren que en avión, porque permite llevar el equipaje sin un costo extra, como pasaría con las aerolíneas low-cost. También se puede ir viendo los paisajes y ciudades por las que pasa en el trayecto, no en nuestro caso, porque viajamos de noche. 😂 Ambos pasajes nos costaron €50 y dentro del tren, en el salón comedor, compramos unas cosas para cenar.

El hotel al que fuimos, estaba casi en frente de la estación de trenes, fue el Hotel Bristol, un hotel pequeño pero bien ubicado. Al llegar pagamos el city tax (una especie de impuesto al turismo) y el desayuno, que fue una buena y económica opción. El baño era bastante pequeño, pero nada que no se pueda soportar por unos días. Ya eran las nueve de la noche, por lo que sólo fui a comprar a un supermercado que teníamos en la esquina y no salimos esa noche.

Por la mañana y después de desayunar en el hotel, salimos por una de las calles principales, la Avenue Jean Médecin, por la cual se encuentran muchas tiendas de ropa, restaurantes y hoteles. Siguiendo por esta calle llegamos hasta la Vieille Ville o Ciudad Vieja, en español. Este barrio se caracteriza por tener las primeras construcciones de la ciudad, en su mayoría son casas bajas y se nota la diferencia con la zona más moderna, con edificios y construcciones más nuevas. Cruzando este barrio ya llegamos al Mar Mediterráneo, con sus aguas cristalinas y playas repletas de piedras. Paramos ahí a descansar, a mirar el mar y los aviones que pasaban, junto con varias gaviotas.

Si nos situamos mirando al mar, fuimos caminando hacia el lado izquierdo, un poco por el Paseo de los Ingleses (Promenade des Anglais), por el Muelle de los Estados Unidos (Quai des États-Unis), nombres con los cuales es conocido el paseo junto al mar, y otro poco por la playa. Llegamos hasta la Colina de Chateau, en la que se encuentran ruinas de un castillo que protegía Niza, desde el cual se pueden tener hermosas vistas de la ciudad y la costa. El recorrido cuenta con varios miradores, parques, torres de observación, capillas y hasta un pequeño local donde venden comidas, bebidas y recuerdos. Hay allí también una cascada, la cual mi novia vió desde abajo y estaba dispuesta a encontrarla. Se puede acceder a las partes altas, tanto caminando como por un ascensor, obviamente las mejores vistas se obtienen si se sube por el sendero a pie, puede ser un poco agotador, pero siempre hay algún lugar para descansar. En la parte superior cuenta con algunas pinturas que muestran la historia de la ciudad a lo largo de los años.

Al bajar nos dirigimos a la plaza Messena, nos sentamos a comer en un local de sándwiches y con vistas a la Fuente del Sol, una gran escultura inspirada en la Fontana de Neptuno, en la ciudad italiana de Florencia. Cuenta con cinco figuras de bronce que representan a Gaia, Marte, Venus, Mercurio y Saturno, provenientes de la mitología greco-romana, una gran escalinata y está rodeado por boutiques, hoteles y sitios de comida. Otra de las fuentes en esta plaza es la Fuente Espejo de Agua, que está al ras del piso, logrando esa apariencia de espejo, cuenta con diferentes chorros de agua, en los que la gente, durante el verano, suele meterse para refrescarse. Se realizan allí espectáculos de luces y música, junto con el agua.

Fuente del Sol

Es en esta plaza que durante la época navideña se emplaza el principal mercadillo de Navidad o Village de Noël, en francés, donde se recrea un pueblo de montaña, con casas pequeñas que producen artesanías locales. También cuenta con una pista de patinaje sobre hielo, juegos para niños, puestos de comida y bebida, un carrusel y una noria, desde la cual se puede ver la ciudad desde arriba. Tanto las plazas, como muchas de las calles principales de Niza, se encuentran iluminadas y adornadas con cosas típicas de estas festividades. Hay algunas muestras de esculturas de hielo, desfiles y conciertos. Ya entrada la noche caminamos por el Paseo de los Ingleses, pero para el lado que no habíamos ido, viendo los hoteles, restaurantes y casinos más exclusivos de la zona, ubicados frente al mar.

Al día siguiente desayunamos unos pretzels con café y chocolate caliente. Caminamos hasta la playa, nos quedamos un rato ahí y empezamos a caminar hasta el Faro de Niza, una construcción que sufrió diferentes cambios a lo largo de los años, el que está actualmente data del año 1952. En el camino pasamos por el Monumento a los Muertos (Monument aux Morts), ubicado en la parte posterior de la Colina de Chateau, hecho en reconocimiento a los nizardos muertos en la Primera Guerra Mundial. Pudimos ver un crucero en el puerto y tras una larga caminata llegamos a la base del Faro, justo sobre el agua del mar, desde donde se veía el puerto.

En nuestro último día completo en la ciudad, compré el desayuno en una famosa cafetería y luego de esto me fui en tren a Mónaco y recorrí un poco el principado, pero eso queda para otro posteo. Al volver de uno de los países más pequeños del mundo, almorzamos algo y nos quedamos descansando en el hotel, ya que a la mañana siguiente nos íbamos a Milán en tren.

Marsella, primera parada en la costa francesa

Continuamos nuestro gran viaje europeo por la ciudad de Marsella, en el sur francés y a la vera del Mar Mediterráneo. Desde Madrid nos tomamos un avión y llegamos por la tarde a la ciudad, teníamos reservados los tickets para ir en bus a la central de trenes, donde bajamos y tomamos un subte que nos quedaba cerca del hotel. El traslado nos costó poco más de €14 y varía el costo según la edad. Decidimos elegir esta opción para poder ver los paisajes por los que el bus hace su recorrido. También se puede llegar al centro en tren y el costo no varía mucho. El tiempo que se tarda en llegar desde el aeropuerto es más o menos entre 20 y 30 minutos en ambos casos.

El hotel al que fuimos es el Hotel Marseille Centre, que cuenta con una excelente ubicación, cerca del puerto viejo y el centro de la ciudad, además no tan alejado de la estación central de trenes, que era la forma en la que íbamos a seguir viaje. Al llegar pagamos por el desayuno, que no estaba incluido en la tarifa y el city tax, método muy utilizado para el turismo en Europa, el cual nos costó €0.30 por noche y por cada uno de nosotros.

Al salir ya eran cerca de las ocho de la noche y decidimos recorrer un poco hasta llegar al puerto viejo. Cerca del hotel se encuentra la Prefecture des Bouches-du-Rhône, un edificio público que alberga la residencia del prefecto, o gobernador, de la ciudad. Cuenta con una construcción de 7500 mts², con un frente de 90 metros de largo y 80 metros de profundidad, allí hay varias salas y sedes administrativas. Frente a este nace la rue Saint Ferréol, principal calle comercial y peatonal de la ciudad. Bajando un poco por la misma calle se encuentra el Palacio de Justicia del distrito y frente a este una fuente, es una zona bastante transitada por lo que está rodeado de restaurantes.

Al llegar al puerto vimos que era el lugar donde se realiza el mercado navideño, por lo que estaba toda la zona decorada con luces y motivos de la Navidad. Como en todo mercadillo de este estilo, se destacan los puestos de comidas bien calóricas, bebidas y regalos. También cuenta con actividades para los niños, donde pueden sacarse fotos y dejar su carta a Papá Noel.

La mañana siguiente, luego de desayunar en el hotel, salimos nuevamente en dirección hacia el puerto viejo, ya con la luz del día notamos lo lindo que era y la cantidad de barcos que habían atracados ahí. Por el margen derecho del puerto, al llegar al final, se encuentra la iglesia Saint Laurent y por una pasarela se conecta con el Fort Saint-Jean, un complejo militar que está compuesto por una capilla, una iglesia, un hospital y el palacio del comandante. El fuerte fue construido entre 1668 y 1671, es uno de los monumentos mas visitados de Marsella, además el ingreso es gratuito y se pueden visitar todas las instalaciones. Está conectado mediante una pasarela con el MuCEM, el museo de las civilizaciones europeas, que los tickets para ingresar cuestan €11. Las vistas hacia el Mar Mediterráneo y el puerto son hermosas. Ya pasado el mediodía, fuimos al mercado navideño, almorzamos unos panchos en pan baguette y de postre unos churros con Nutella.

En nuestro tercer y último día completo en la ciudad, teníamos la idea de ir hasta la Basílica de Notre-Dame de la Garde, pero el día estaba muy feo y lluvioso, por lo que no fuimos. Esta basílica se ubica a unos 150 metros sobre el nivel del mar, construida sobre una antigua fortaleza, y finalizada en el año 1864. La estatua de la Virgen con el Niño, de más de 11 metros de altura, enchapada en cobre dorado, se ubica sobre la torre más alta de la construcción, que también cuenta con un campanario. Al estar emplazada en una colina, es vista desde casi todos los puntos de la ciudad, un ícono de la misma.

Basílica de Notre Dame de la Garde vista desde el puerto

Como nuestros planes habían cambiado, por lo que volvimos hacia el puerto y esta vez caminamos por el margen izquierdo, hasta el otro fuerte que protegía la ciudad, el Fort Saint-Nicolas, frente al fuerte Saint-Jean. Fue inaugurado en el año 1660 y desde el año 1860 está dividido en dos por el Boulevard Charles Livon. La parte junto al mar es conocida como Fort Ganteaume, alberga el círculo militar y el comedor de oficiales, mientras que del otro lado se encuentra el Fort d’Entrecasteaux, solo una parte está abierta al público y el ingreso es gratuito, pero en el momento en el que fuimos no estaba abierto, no sabemos si por la hora, la fecha o el hecho de que estaba lloviendo. Al volver almorzamos en Oscar’s Bagles and Sandwiches, en el cual nos deleitamos con unos sandwiches.

Vista desde el Fort Saint Nicolas

Otra forma interesante de conocer Marsella, tanto en familia, como en pareja, es en el Petit Train de Marseille, que como su nombre lo indica, es un pequeño tren con tres pequeños vagones que recorre ciertos puntos de la ciudad. Tiene tres recorridos, uno que lleva hasta la Basílica Notre Dame de la Garde, pasando por los dos fuertes de la ciudad y algunos puntos altos desde donde se ve la isla Frioul, frente a la costa. El segundo recorrido es por la parte vieja de la ciudad, pasando por antiguos hoteles, iglesias y catedrales, una parada en el barrio Panier, con pequeñas calles, algunas peatonales y plazas, además de poder comprar artículos económicos de artistas de la zona, como pinturas y artesanías. El último itinerario que ofrece es solo para el verano, en las islas de Frioul, donde se puede conocer el Castillo de If y tener una gran vista de la bahía. Los tours tiene un costo de €8 y son de una hora de duración.

Por la mañana, tras tomar el desayuno y dejar nuestro equipaje en el hotel, salimos a almorzar algo antes de dirigirnos a la estación de trenes, donde llegamos poco después de las dos de la tarde y esperamos bastante hasta que llegara nuestro tren, que con un poco de demora llegó a las seis de la tarde y con el cual fuimos a nuestro próximo destino en la costa francesa, Niza.

Llegando a Madrid

En nuestro tercer viaje a Europa el itinerario fue un poco extenso, junto con mi novia decidimos probar suerte e irnos a vivir a España, más específicamente a Madrid. Por esto hicimos un viaje a modo de vacaciones, antes de quedarnos en la capital española, donde estuvimos poco más de siete meses. Ya que era la ciudad donde íbamos a quedarnos al finalizar el viaje, elegimos que Madrid sea el punto de inicio de esta nueva aventura de más de un mes de duración, diez ciudades, cinco países, muchos viajes en tren y avión.

Luego de nuestro vuelo, con escala en San Pablo, llegamos al aeropuerto de Barajas cerca del mediodía. Tomamos el metro desde allí hasta la estación de Tribunal. Para tomar el metro se debe sacar una tarjeta (similar a nuestra SUBE), que se puede hacer directamente desde las máquinas expendedoras ubicadas antes de ingresar a la estación, ubicada en el mismo aeropuerto. Esa tarjeta se puede recargar, tanto con efectivo como con tarjeta de crédito y débito. Se puede sacar un abono por diez viajes por poco más de € 12, muy conveniente si se va a utilizar este medio de transporte.

Reservamos un departamento por Airbnb, muy cerca de uno de los puntos más turísticos de la ciudad, la Gran Vía. El departamento estaba bien ubicado y contaba con una cocina completa, lavarropas y tele por cable. No era muy grande, pero suficiente para pasar algunos días en la ciudad. El edificio está sobre la Calle Fuencarral, una de las más transitadas del barrio de Malasaña, gran parte de ella es peatonal y está repleta de tiendas de moda, restaurantes y cafeterías.

La Calle Funcarral termina en la icónica Gran Vía, que además de los típicos restaurantes y tiendas, tiene sobre ella algunos de los edificios más importantes de la ciudad. Entre estos edificios se encuentra el Edificio Metrópolis, frente a este se encuentra el Edificio Grassy (el número 1 de la Calle Gran Vía), el Edificio Carrión, con su inconfundible publicidad de Schweppes, junto a la plaza del Callao y la Fundación Telefónica Madrid, entre otros. Justo a la salida de la estación Tribunal se encuentra el Museo de la Historia de Madrid, que documenta la historia de la ciudad desde sus origines. El ingreso es gratuito y vale la pena aprovecharlo.

Para terminar el primer día en Madrid, fuimos hasta otro de los puntos importantes, Puerta del Sol. Allí se encuentran algunos de los lugares más significativos de la ciudad. Frente a la plaza está la Real Casa de Correos, actualmente utilizado como la sede de la Presidencia de Madrid. En él está el Reloj de la Casa de Correos, el lugar desde donde se realizan las campanadas para recibir al nuevo año. Otro de los sitios aquí visitados es la estatua de El Oso y el Madroño, el símbolo de la ciudad. También se encuentra la placa del Kilómetro Cero, en la puerta de edificio anteriormente mencionado y es el punto desde donde comienzan todas las carreteras radiales españolas.

A la mañana siguiente desayunamos y almorzamos en el departamento, nos llenamos de energía y salimos a recorrer varios lugares y todos a pie. La primera parada fue en Plaza Mayor, una de las plazas más famosas, rodeada por edificios prácticamente iguales, por lo que es un espacio cerrado. Una de las entradas más conocidas es el Arco de Cuchilleros, además cuenta con otros ocho arcos de entrada. Como es costumbre nuestra, iniciamos el viaje en el mes de Diciembre, por lo que dentro de la plaza es donde realizan la feria navideña más tradicional, con más de 100 puestos que venden los típicos turrones, artículos navideños, comida y bebida, entre otros.

Junto a la plaza se encuentra el Mercado de San Miguel, que cuenta con más de cien años de historia, actualmente utilizado como centro gastronómico, con variedad de platos de todos los puntos de España. Bajando por la Calle Mayor podemos encontrar la casa de Calderón de la Barca, la Plaza de la Villa, rodeada por construcciones que datan del año 1600 y actualmente uno de ellos es sede del Ayuntamiento. Al final de esta calle se ubica la Muralla Árabe, que es una de las construcciones más antiguas de la ciudad. Frente está la sede del arzobispado de Madrid y la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Una vez que llegamos a la Calle del Bailén encontramos el Palacio Real de Madrid, la residencia oficial del rey de España. Se puede visitar tanto la residencia como las exposiciones que allí tienen, los precios de las entradas van desde los €6 hasta los €13, según la época en la que se visita. Se puede ingresar a la plaza de la Armería, desde donde se ve todo el palacio. Frente a este se encuentran los Jardines de Lepanto y el Teatro Real. Situados en la fachada norte del palacio se encuentran los Jardines de Sabatini, está abierto al público y es ideal para descansar un poco. Siguiendo por la misma calle y por último, llegamos hasta el Templo de Debod, un templo egipcio de más de 2000 años, dedicado a Amón de Debod y a Isis, fue donado por el gobierno de Egipto a España en 1968, en agradecimiento por la ayuda brindada para salvar los templos de Abu Simbel. Cuenta con un mirador desde el cual pudimos apreciar el atardecer. Antes de volver y tras haber caminado más de diez kilómetros, compramos unos burritos para cenar.

En nuestro último día completo en la ciudad, fumos a desayunar a Juicy Avenue, donde tienen gran variedad de comidas y bebidas. Caminamos hasta el palacio de Cibeles, un imponente edificio que es la Sede del Ayuntamiento de Madrid, frente a este se encuentra la Plaza de Cibeles, conocida por ser el punto de encuentro de los hinchas del Real Madrid para festejar sus títulos. Muy cerca de ahí está uno de los mejores lugares para visitar, el Parque de El Retiro. Frente a una de las entradas, la que está en la intersección de las calles Alcalá y Alfonso XII, se encuentra la Plaza de la Independencia y en ella la famosa Puerta de Alcalá, una de las cinco puertas reales con las que contaba Madrid.

Dentro de las 125 hectáreas que posee el Parque de El Retiro, cuenta con varios jardines, más de 15000 árboles, una rosaleda, diferentes fuentes y esculturas. Se destaca el Estanque Grande, en donde se pueden alquilar botes a remo o hacer un recorrido privado en barco. Uno de los lugares más visitados es el Palacio de Cristal, con una arquitectura de hierro y con vidrios en todos sus lados, incluido el techo. El ingreso es gratuito y generalmente se realizan muestras de arte en su interior, se suelen formar grandes filas para el ingreso, por lo que recomiendo tomarlo con mucha paciencia. También alberga un club polideportivo, una biblioteca municipal, puestos de comidas y bebidas, un centro cultural y gran cantidad de senderos para caminar y hacer ejercicios.

Por la tarde nos juntamos con mi amiga Soraya y su esposo Seba, fuimos al Museo del Jamón, un lugar indispensable donde ir y comer el verdadero jamón serrano y una buena tortilla española. Estuvimos un rato hablando y nos guardaron una valija para nuestra vuelta a la ciudad, lo que nos ayudó mucho a liberar peso en el viaje. Para terminar el día y recuperar unas cuantas calorías, cenamos en una casa de comida rápida. A la mañana siguiente compré el desayuno nuevamente en Juicy Avenue y lo comimos en el departamento. Cerca de las 11 de la mañana salimos para el aeropuerto para tomar un avión a Marsella, nuestro próximo destino.

BONUS TRACK

Como comenté anteriormente, estuvimos viviendo en Madrid por poco más de siete meses, lo que me permitió conocer otros lugares de la ciudad que fui conociendo mientras realizaba trámites, compras por los diferentes barrios en los que estuvimos, entrevistas o caminatas para perder un poco de tiempo antes de entrar a trabajar o en mis días libres, por lo que dejo algunas fotos de diferentes lugares por los que estuvimos, algunos clásicos como el estadio del Real Madrid, la Plaza de Toros de Las Ventas o haciendo un paseo por el río Manzanares.