Volviendo a Londres

Para terminar nuestro segundo viaje por Europa, después de pasar por Ámsterdam, Dublín y Edimburgo, volvimos a Londres luego de nuestro paso por la ciudad el año anterior. En esta ocasión celebramos el cumpleaños de mi novia y navidad en una de nuestras ciudades favoritas.

Llegamos por la noche al aeropuerto de Stansted, ubicado a poco más de 50 km del centro de Londres. Para llegar a Liverpool Street Station hicimos una reserva en el tren Stansted Express, el costo es £14 por persona, un poco caro, pero es la opción más rápida y llega en menos de una hora. Si van a volar nuevamente desde ese aeropuerto, los tickets ida y vuelta cuestan £25.

Al llegar a la estación de Liverpool Street, tomamos un taxi hasta donde nos alojamos, Marlin Apartments Aldgate, en el barrio de Whitechapel. Una buena opción para reservar en pareja o familia, ya que cuenta con amplias habitaciones, cocina y comedor, muy útil para preparase uno mismo la comida. Hay varios hoteles de la misma cadena, este que elegimos está un poco alejado del centro, pero muy bien conectado con toda la ciudad, cerca de la famosa Brick Lane, del Tower Bridge y a menos de cinco minutos caminando de la estación Aldgate East del metro londinense. El único inconveniente que tuvimos fue al llegar, que no teníamos agua caliente, pero lo solucionaron a la mañana siguiente. Como llegamos de noche no fuimos a ningún lado, solo salí a comprar en Tesco.

Al día siguiente de que llegamos fue el cumpleaños de mi novia, al salir y por la cercanía, caminamos hasta el Tower Bridge, mi puente favorito en la ciudad, donde se puede hacer un recorrido por ambas torres, se cruza de una a otra por una pasarela con el piso vidriado. El costo del ingreso es de poco más de £10 para adultos y la mitad para menores de entre 5 y 15 años. Aprovechamos y pasamos por la feria navideña ubicada junto al puente, el City Hall Christmas Market, junto al ayuntamiento de Londres. Ahí compramos philly cheesesteaks, unos sándwiches de carne mechada con queso, una delicia, nachos para acompañar y bebidas por £20. Luego tomamos el tube (subte/metro) hasta Tottenham Court Road Station para ir a nuestro querido Primark a comprar ropa, como regalo de cumpleaños.

Por la noche y bajo la lluvia, nos tomamos un Uber hasta el Hippodrome Casino, que además de ser un lugar de apuestas y juegos de azar, cuenta con algunos restaurantes, entre ellos el que había reservado para cenar, el Heliot Steak House, que según las opiniones en internet, es uno de los mejores restaurantes de carne de la ciudad. Como entrada nos dieron un pan casero con algunas salsas y quesos, mi novia pidió cordero con batatas fritas y yo lomo con papas fritas. Para el postre y como les había dicho que era el cumpleaños de mi novia, colocaron un chocolate con un «Happy Birthday» escrito, un lindo detalle. Gastamos poco más de £70, pero valió la pena. Luego de terminar de comer bajamos y recorrimos el casino, al salir caminamos por Leicester Square, lugar ideal para tomar algo. Volvimos al hotel en Uber.

El día de navidad salimos al mediodía y almorzamos en Big Moe’s, un diner con ambientación de los años 50. Almorzamos unas hamburguesas y gastamos unas £30. Después de comprar unas cosas en el supermecado, nos tomamos el tube hasta Westmister, salimos de la estación junto al Big Ben y el Parlamento. Cruzamos el Westminster Bridge para llegar hasta el London Eye, un ícono de la ciudad e imprescindible para visitar, la entrada es un poco cara, £27.50 comprando por internet, pero se ahorra un algo de dinero (£31 en el lugar) y se evitan las largas colas, por lo que el ingreso es más rápido. En nuestro caso fue aún más rápido, ya que saqué el «fast track» y no hicimos fila. La vuelta entera dura unos 30 minutos, las capsulas pueden llevar hasta 20 personas, pero son amplias y todos pueden apreciar las vistas increíbles de toda la ciudad desde las alturas, cuenta con pantallas informativas en varios idiomas, que detallan cada lugar que se está viendo.

Al bajar nos quedamos en el mercado de Navidad que había allí, compramos algunos recuerdos para nosotros y otros para regalar. El Southbank Centre Winter Market cuenta, como la mayoría de estos mercadillos, con puestos de comida, bebidas calientes y alcohólicas, artesanías y regalos varios, espectáculos y atracciones para los más pequeños. Para merendar compramos unos waffles con Nutella y crema, para recuperar un poco las calorías gastadas. Volvimos al hotel en el tube y cocinamos la cena para esperar la llegada de la Navidad.

Southbank Centre Winter Market

Ya estaba al tanto de que el 25 de Diciembre estaría todo cerrado, ni siquiera funciona el transporte público. Igualmente decidimos salir y caminamos por Brick Lane, un clásico paseo con un mercado callejero, locales de comida y ropa vintage. Obviamente estaba todo cerrado, por lo que la salida duró poco y volvimos al hotel.

Calles con poca gente

El 26 de Diciembre es conocido como el «Boxing day», lo que en un principio fue dirigido hacia las personas menos afortunadas, se les regalaba o donaba diferentes cosas luego de la Navidad. Hoy en día muchos comercios aprovechan para hacer rebajas este día, por lo que las calles suelen estar repletas de gente. Salimos después de almorzar y fuimos en el tube hasta Oxford Street y caminamos por Regent St hasta Piccadilly Circus, después por Coventry St y Charing Cross Rd. Entramos a algunos locales y compramos regalos, libros y algunas cosas más ya que al siguiente día teníamos el vuelo de vuelta. Por todas las calles que caminamos están las típicas luces y adornos navideños que iluminan la ciudad en esta época. Por último pasamos por el Palace Theatre, sitio en el cual se encuentra la obra de Harry Potter and The Cursed Child, cuyas entradas van desde las £15 hasta £80 por persona.

En nuestro último día en la ciudad y después de dejar nuestras valijas, salimos a caminar un poco, hicimos las últimas compras y almorzamos en una casa de comidas rápidas en la estación donde comenzó este viaje, en Liverpool Street Station. Después de esto volvimos al hotel a recoger el equipaje y nos fuimos en el tube hasta el aeropuerto de Heathrow, el más importante de Londres.

La hermosa Edimburgo

Aterrizamos en la ciudad poco antes de las dos de la tarde, para llegar al centro de la ciudad reservamos un traslado desde el aeropuerto, parecido al que utilizamos en Dublín, el servicio Airlink es de la empresa Lothian Buses, el costo para mi y para mi novia, de ida y vuelta, fue de £15 en total, hoy en día cuesta lo mismo. En menos de treinta minutos llegamos a Waverley Bridge, ubicado justo encima de la céntrica estación de tren, con el mismo nombre.

Desde allí, al ver que la calle era en bajada, decidimos ir caminando unas ocho cuadras hasta el hotel donde nos alojamos, el Holyrood ApartHotel, que como bien dice su nombre, es un apart-hotel y cuenta con grandes habitaciones, equipadas con una cocina, que permite gastar un poco menos en comida, a nosotros muchas veces nos gusta preparar nuestra propia comida y puede ser un buen ahorro.

Uno de los clásicos de esta ciudad son los callejones o «close», en inglés, que hay para «entrar» a los edificios, hoteles y otras calles internas, que con el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, fueron quedando cada vez más pequeños, pero que le dan un toque antiguo y pintoresco. Para llegar al hotel hay que pasar por uno de estos, que está en una de las calles de la Royal Mile, Canongate. Todos ellos tienen nombre, por algo distintivo del lugar al que conducían, o por personalidades de la ciudad. El «close» que lleva directo al hotel es el Coopers Cl. Junto a la entrada de este callejón se encuentra una famosa cafetería a la que decidimos entrar para calentar un poco el cuerpo y embarcarnos a conocer la ciudad.

Bajando por Canongate, no muy lejos, se encuentra el moderno e imponente edificio del Parlamento Escocés, el cual se puede visitar y hasta asistir a las sesiones parlamentarias. También se presentan allí algunos eventos y exhibiciones. Frente a esta se encuentra The Queen’s Gallery, con diferentes muestras de la Colección Real, da paso a la Abadía de Holyrood, lugar que sirvió en las coronaciones reales, sepultura de monarcas y otras personalidades de la realeza. Actualmente se encuentra en ruinas, para visitar ambas cosas se pueden conseguir tickets por unas £22 por persona.

Una de las calles más importantes de la ciudad es la llamada «Royal Mile» que conecta el Castillo de Edimburgo con el Palacio de Holyrood, en el corazón del casco antiguo de la ciudad. En ella se encuentran gran variedad de bares y restaurantes, tiendas de regalos y algunos monumentos importantes, entre ellos la Catedral de St. Giles. Se pueden ver rarezas, como una iglesia que fue reconvertida en un mercado, con venta de artesanías y recuerdo, entre otras cosas, y un muy curioso museo al que fuimos, el de la niñez o Museum of Childhood, con juguetes de todos los tiempos, un lindo recorrido.

Saliendo de la Royal Mile, recorrimos Victoria Street, una de las más lindas de la ciudad. Vimos The Elephant House, conocido café donde J.K. Rowling pasaba el tiempo escribiendo las historias de Harry Potter. Finalmente pasamos por el Cementerio Greyfriars, que rodea la capilla de Greyfriars Kirk. La entrada al mismo es pequeña, pero una vez dentro se puede ver que ocupa un gran lugar. Frente a la entrada del cementerio se encuentra una escultura al fiel perro conocido como Greyfriars Bobby, que según cuenta la leyenda, estuvo junto a la tumba de su dueño por 14 años, hasta su muerte. Hay muchas otras historias y leyendas sobre este cementerio. Uno de los «indispensables» del lugar es encontrar la tumba de Thomas Riddle, nombre que la autora anteriormente nombrada tomó para uno de los personajes de sus libros.

Llegamos a una de las atracciones más importantes de la ciudad, el Castillo de Edimburgo, ubicada en una colina desde la cual se ve gran parte de la ciudad, tanto la parte antigua como la más moderna. La visita al castillo cuesta £19.50 para mayores de 16 años, £10.50 para los chicos entre 5 y 15 años y gratis para los menores de 5 años. Nosotros no entramos, solo estuvimos dos días en la ciudad y decidimos dejarlo para la próxima vez que vayamos, porque vamos a volver. Nos quedamos descansando en la explanada previa a la entrada del castillo, donde anualmente se arman inmensas gradas para disfrutar del festival militar, que cuenta con desfiles, música y árte. Dentro del castillo se pueden ver diferentes muestras de la historia de Edimburgo.

Saliendo de allí, nos dirigimos a Princes Street para ver el famoso Scott Monument, en honor al autor escocés. Frente a este se encuentra el Princes Street Garden, donde es armado el mercado navideño durante el mes de Diciembre. Para no perder la costumbre y como en las demás ciudades que fuimos, visitamos los diferentes puestos de comida y regalos que suele haber, comimos las famosas salchichas alemanas (dos veces el mismo día) y compramos algunos recuerdos. Se encuentra también aquí el Santa Land para los más chicos, con juegos, carrusel, sillas voladoras y más atracciones. Para conocer la parte nueva de la ciudad, bajamos hasta el Boulevard George, rodeado de bares, cafés y tiendas de alta moda. Va desde la Charlotte Square hasta St. Andrew Square, por unas cuatro cuadras.

El día en el que nos íbamos nos levantamos temprano, salimos de la habitación y dejamos el equipaje en el hotel. Nos dirigimos a Calton Hill, una colina desde donde se obtiene una de las mejores vistas de la ciudad. Por los monumentos que allí se encuentran se conoce a Edimburgo como la «Atenas del Norte», gracias al Monumento Nacional que fue diseñado en honor a los caídos en las Guerras Napoleónicas, que increíblemente no fue terminado por falta de fondos. También se encuentra emplazado el Observatorio de la ciudad, el Monumento a Nelson, que cuenta con una «bola del tiempo» que indica a los marineros la llegada de la una de la tarde cuando esta cae y se complementó con el «Cañón de la una en punto» del Castillo de Edimburgo, que sirve para los días de poca visibilidad y este se puede escuchar. Otros monumentos que se pueden ver son Playfair Monument, The Portuguese Canon, Dugald Stewart Monument y Monument to Scottish Parliament.

Finalmente volvimos al hotel, buscamos las valijas y nos fuimos en taxi hasta Waverley Bridge para tomar el Airlink al aeropuerto y seguir nuestro viaje, para terminarlo en Londres. Nos dimos cuenta que los dos días que pasamos en la ciudad fueron pocos, por lo que no nos quedan dudas de que volveremos.

Dublín en tres días

Llegamos a Dublín después de nuestro paso por Ámsterdam, aterrizamos antes del mediodía en la capital irlandesa. Teníamos reservado un traslado en micro desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, la empresa es Aircoach y el costo es de €8 si se saca ida y vuelta online (más barato ahora, cuando nosotros fuimos costaba €11 por persona), cuenta con wifi gratis en todos los buses. También cuenta con traslados hacia las ciudades de Cork y Belfast, entre otras.

Bajamos sobre O’Connell Street, una de las principales calles de la ciudad, a unos 500 metros del hotel que reservamos, el Dublin Central Inn. Desde la puerta, o saliendo por la ventana de la habitación, se ve The Spire (La Aguja, en español), uno de los monumentos icónicos de la ciudad, denominado el Monumento de la Luz, tiene 119 metros de altura y como su nombre lo indica, tiene forma de aguja, ya que en la base mide más de 3 metros y se estrecha hasta los 15 cms en la punta.

Vista desde la habitación
The Spire

Caminamos por esa calle y llegamos hasta el río Liffey y terminamos almorzando en River Bar, el cual obviamente elegí por el nombre. Mientras comíamos veíamos un partido de la Premier League, ya que es un bar de reunión para ver deportes. Luego caminamos hasta George’s Steeet Arcade Market, el primer centro comercial construido en Irlanda, cuenta con tiendas de ropa, música, antigüedades, joyería y variedad de locales de comida.

Por la noche fuimos a la zona de Temple Bar, donde calles empedradas dan lugar a gran cantidad de pubs con música en vivo, restaurantes y tiendas de regalos, también hay espectáculos callejeros que hacen de esta zona una de las más activas durante la noche. Logramos entrar al Auld Dubliner Pub, repleto de gente disfrutando de una banda de rock en vivo. Conseguimos hacernos un lugar y tomamos algo. A la vuelta compramos algunas cosas en Tesco para tener durante la estadía, uno de los mejores, más variados y económicos supermercados de Europa.

Temple Bar

A la mañana siguiente fuimos hasta el Castillo de Dublín, que fue sede del gobierno británico hasta la independencia de Irlanda en 1922. Desde entonces se utilizó para ceremonias de Estado, centro de conferencias y alberga las oficinas de los Comisionados de Impuestos. Se encuentra allí la Iglesia de la Santísima Trinidad. Nosotros lo recorrimos por afuera pero se puede ingresar por €8 y se puede optar por un recorrido con un guía, que cuesta €12 por persona. Tras el castillo se encuentran los jardines de Dubh Linn, lugar ideal para descansar y relajarse, el centro de exhibiciones The Coach House se encuentra en la cabecera del jardín.

Llegamos al Trinity College, la universidad más antigua de Irlanda, se puede recorrer el campus que cuenta con diferentes construcciones, tanto nuevas como antiguas. La biblioteca es uno de los lugares emblemáticos para recorrer y tiene un costo de €11 para ingresar. Otro de los sitios es la torre del campanario, tiene 30 metros de altura, con un arco inferior para pasar bajo ella. Dentro del recinto también se encuentran además de las aulas, una residencia para los estudiantes, pubs, canchas de fútbol y hasta una iglesia, en la que sólo los alumnos y ex alumnos del Trinity College pueden casarse. Almorzamos en uno de los mejores lugares de comida mexicana que hemos ido, Saburritos, hay varios locales en toda la ciudad y con gran variedad, recomiendo los burritos!

Fuimos al mercado navideño que se sitúa en esta época en Henry Street, con muchos puestos navideños a lo largo de unas cinco cuadras. En esta calle también se encuentran grandes tiendas de ropa, entre ellas Penneys, que es el nombre que usa Primark en Irlanda. Al final de la tarde descansamos un poco en el Garden of Remembrance, un jardín conmemorativo a la memoria de todos los caídos en la causa por la libertad irlandesa. Tiene una fuente en forma de cruz, una escalinata con la estatua conmemorativa llamada Children of Lir.

En nuestro último día completo en la ciudad, fuimos a St Stephen’s Green, un parque público céntrico y cuenta con un lago en su interior, con gran variedad de flora y fauna. En una de las calles que rodea al parque se puede encontrar un mercadillo navideño, con puestos de comida y ropa típica de la época. En frente del parque, en el final de la calle peatonal Grafton Street, se encuentra el Stephen’s Green Shopping Centre, un centro comercial con mas de cien tiendas de ropa, joyería, regalería, cafeterías y restaurantes, entre otras. Tiene una estructura interior metálica y el techo es vidriado.

St. Stephen’s Green
Stephen’s Green Shopping Centre

Saliendo de allí pasamos por la Catedral de San Patricio, una de las iglesias más importantes y dedicada al santo patrono del país, se la puede visitar por €7.50 por persona. Cerca de ella se encuentra la otra catedral, más antigua y sede del arzobispo de Dublín, la Santísima Trinidad. El costo para ingresar es el mismo que la anterior. Junto a esta se encuentra el museo de Dublinia, dedicado a la historia vikinga y medieval de la ciudad, se conecta con la catedral con un puente de piedra ubicado sobre la calle y el costo del ticket es de €12 por persona.

Para terminar nuestra visita en esta hermosa ciudad y ya de noche, recorrimos el río Liffey por sus márgenes, viendo los puentes más característicos sobre él. Uno de ellos y quizás el más famoso, es el punte peatonal Ha’penny, conocido así por su forma de moneda de medio penique (half penny) y porque ese era el costo que debían pagar quienes querían cruzarlo. Otro de los más reconocidos es el Samuel Beckett Bridge, que a la vista es muy parecido a un puente de Argentina, el «Puente de la Mujer», ubicado en Puerto Madero. Esto se debe a que el arquitecto es el mismo, Santiago Calatrava. Otros de los puentes son el Tom Clarke Bridge, Talbot Memorial Bridge, Butt Bridge y O’Connell Bridge, entre los más destacados.

Ha’penny Bridge
Samuel Beckett Bridge

Finalmente paseamos nuevamente por George’s St Arcade Market, Henry Street y algunas de las calles iluminadas especialmente para la navidad. Cenamos en una hamburguesería ambientada en un dinner de los años ’50, de nuestros favoritos a la hora de elegir alguna temática, Eddie Rocket’s, sobre la calle O’Connell y muy cerca del río Liffey.

Rio Liffey

A la mañana siguiente salimos a tomar nuevamente el Aircoach para que nos lleve al aeropuerto, nuestro próximo destino sería Edimburgo.

Paseando por Ámsterdam

En Diciembre del 2016 viajamos nuevamente a Europa con Guada, mi novia, esta vez los destinos seleccionados fueron Ámsterdam, Dublín, Edimburgo y volvimos a Londres por segundo año consecutivo, la idea era pasar el cumpleaños de ella en la capital británica. A diferencia del año anterior, esta vez no tenía ningún viaje planeado a Japón por culpa de River.

Salimos con destino a Londres, con escala en San Pablo. Una vez en Heathrow fuimos hasta la terminal 4, despachamos nuevamente el equipaje y después de 45 minutos de vuelo llegamos a Ámsterdam, fueron casi 24 horas de viaje. Para llegar al centro de la ciudad elegimos el tren, que tiene una estación en el mismo aeropuerto, el ticket cuesta un poco más de €5 y tarda aproximadamente 20 minutos en llegar a la estación Amsterdam Centraal, es la opción más rápida para llegar al centro de la ciudad.

Centraal Station

Nos alojamos en el Hotel Old Quarter, ubicado a menos de tres cuadras de la estación Centraal, tiene habitaciones privadas y algunas compartidas en los pisos superiores, estilo hostel. Nosotros reservamos una habitación privada, que se localizaba en el primer piso y con vista a uno de los famosos canales. En la parte de la recepción cuenta con un bar donde también sirven comida, allí cenamos y luego salimos a caminar un poco por la calle Damrak, una de las principales de la ciudad, que al ser época navideña es decorada con luces y diferentes cosas conmemorativas.

Ubicación del hotel
Vista desde la habitación

A la mañana siguiente salimos y desayunamos en The King, donde sirven desde un desayuno inglés, panqueques y también es un restaurant de carne. Después de comer unos panqueques con Nutella fuimos hacia la casa de Anne Frank, entramos rápido ya que sacamos los tickets con anticipación. Es la mejor opción para ahorrarse las largas filas, tiene un costo de €12.50 para adultos, €6.50 para menores de 10 a 17 años y €1 para los menores de 9 años. Al ingreso se narran diferentes historias, sobre la guerra y la forma de vida de la familia, todo con muestras digitales. En el piso superior donde se escondieron las familias Frank y Pfeffer, entre otras personas que allí vivieron. Se puede ver como era el lugar, mantuvieron las paredes y recortes originales que allí había, no hay muebles. Es un recorrido de una hora aproximadamente, con un impacto muy fuerte. Al salir hay una tienda donde se puede comprar el libro y algunos recuerdos, para contribuir con la fundación. Dentro de las instalaciones no se pueden sacar fotos, por lo que no pudimos retratar las instalaciones.

Estatua de Anne Frank
Calle Anne Frank

Luego caminamos por las calles rodeadas de canales, pasamos por algunos lugares turísticos como el Palacio Real de Ámsterdam, que cuenta con visitas guiadas cuando la realeza no lo utiliza, con un costo de €10 para adultos y gratis para los menores. También frente a la Plaza de Dam se encuentra el Monumento Nacional, es un obelisco que honra a los soldados caídos en la Segunda Guerra Mundial. Hay por sus alrededores algunos museos, restaurantes y tiendas de moda, entre ellas Primark, nuestra predilecta a la hora de comprar ropa de buena calidad y bajos precios.

Por la tarde caminamos por el barrio chino, que se encuentra cerca de la plaza Nieuwmarkt, allí se realiza un mercado todos los días y especialmente los fines de semana, cuando más gente lo utiliza. Es un mercado de agricultores, con venta de frutas, ropa y antigüedades, entre otras cosas. En ella se encuentra la construcción no religiosa más antigua de la ciudad, el edificio De Waag, hoy en día funciona como un restaurant. Para terminar el recorrido fuimos al mundialmente famoso Barrio Rojo, que se sitúa en la parte antigua de la ciudad y uno de los puntos turísticos más visitados.

Al otro día caminamos por el centro de la ciudad, volvimos a pasar por la plaza Dam y caminamos hasta los jardines de Begijnhof, un hermoso patio interno rodeado de casas que eran habitadas por una comunidad de religiosas y allí se encuentra una de las casas más antiguas de Ámsterdam, que data del año 1420. Luego hicimos un paseo en barco por los canales, estos barcos salían justo en frente de nuestra ventana en el hotel, el paseo dura aproximadamente una hora y tiene un costo de €10 por persona, como recuerdo también te sacan fotos que luego venden por €5. El recorrido pasa por los lugares más famosos e importantes de la ciudad, como la estación Centraal, la Basílica de San Nicolás, la Torre del Reloj, los Siete Puentes y navegar por el canal Amstel, entre otros puntos.

Antes de que anochezca fuimos al museo NEMO de ciencias, la entrada es algo cara (unos €17.50), igualmente no ingresamos, pero subimos hasta la terraza que es gratuita y tiene una excelente vista de la ciudad, también cuenta con miradores, había bastante viento y hacía frío, todo un logro descansar un poco en esta terraza. Al bajar recorrimos los canales siguiendo el Festival de las Luces, que son expresiones de arte moderno con la utilización de diferentes tipos de esculturas luminosas, esto se lleva a cabo todos los años, cambiando las muestras y artistas que participan. Pasamos por la plaza de Rembrandt y merendamos en Sweetella, un excelente lugar para tomar algo caliente y recuperar algunas calorías con la gran variedad de waffles, crepes, churros y helados que ofrece, un lugar muy recomendable.

En nuestro último día completo en la ciudad desayunamos en el hotel, era económico, unos €5 por personas, dejamos el equipaje en el hotel y salimos a tomar el tram (tranvía) con dirección a la plaza Museumplein, el viaje tiene un costo de €3 por persona aproximadamente. Alrededor de esta plaza se encuentra el famoso museo nacional, el Rijksmuseum, que contiene grandes obras maestras europeas, el ingreso cuesta €20 para adultos y gratis para menores de 18 años. En frente de este museo se encuentra una gran fuente, que en invierno se congela y se utiliza como pista de patinaje, rodeado de un mercado navideño. Allí se encontraba el cartel de «I Amsterdam» que fue retirado en 2018 por la gran cantidad de gente que se reunía en torno a él, aunque todavía se puede ver uno igual en el aeropuerto de Schiphol. La plaza está rodeada por varios museos más, entre ellos el de Van Gogh.

Rijksmuseum

Volvimos a retirar el equipaje del hotel y tomamos el tren al aeropuerto. Como teníamos el vuelo temprano a la mañana, la última noche la pasamos en el hotel Ibis, cerca del aeropuerto y que brinda un traslado gratis entre este y el hotel, que pasa cada veinte minutos y recorre diferentes hoteles que allí se ubican. Cenamos en un restaurant de hamburguesas que había dentro de las instalaciones y por la mañana salimos para el aeropuerto a tomar nuestro vuelo a Dublín.